NIÑO MIRANDO POR LA VENTANA

PUEDE QUE NUESTRO HIJO TENGA UN TEA, ¿CON QUÉ EDAD PUEDEN DIAGNOSTICARLE?

El médico de cabecera ha derivado a nuestro hijo pequeño al psiquiatra infantil porque no nos atiende ni nos mira y se provoca heridas en las manitas mordiéndose cuando se siente intranquilo, algo que pasa demasiado a menudo. Nos ha dicho que ha de ser evaluado por sospecha de un Trastorno del Espectro Autista, y queremos saber qué aspectos pueden evaluarse siendo tan pequeño, tiene 3 años y dos meses y no sabemos si podría haberse diagnosticado antes, si una atención más temprana podría haber evitado esas conductas autolesivas que le están dejando marcas muy evidentes.

El médico de cabecera os ha aconsejado bien y como profesional de vuestra confianza, juega un papel importante en la identificación de que vuestro hijo pueda necesitar servicios y apoyos.  Es conveniente realizar, lo antes posible, una valoración del desarrollo y pruebas específicas para detectar si las dificultades que tiene son compatibles con un retraso ó un trastorno del neurodesarrollo. Existen unos signos de alerta específicos que sirve a los profesionales para poder detectar precozmente dichos trastornos y, en caso de sospecha, poderlos derivar a equipos específicos de diagnóstico (neurólogo o psiquiatra infantil, psicólogo, logopeda, terapeuta ocupacional, etc). El no atender a la voz y no mirar, está dentro de los signos de alerta.

Hoy en día, aún no hay un biomarcador que mediante un análisis de sangre se pueda confirmar el TEA pero ello no impide hacer uso de otras estrategias para poder detectar y diagnosticar a los niños con TEA.

Existe una prueba de detección precoz específica (cuestionario M-CHAT) a partir de los 18 meses y ya existen pruebas de observación estructurada como la observación semi-estructurada ADOS-Toddler que nos puede medir el nivel de riesgo a tener TEA, a partir de los 12 meses.

Actualmente se puede hacer un diagnóstico válido y fiable cuando los niños tienen 2 años de edad. El pronóstico, aunque variable, depende del tipo y precocidad del tratamiento (atención temprana mediante la implementación de programas globales del desarrollo basados en la evidencia científica, que hacen hincapié en favorecer el desarrollo social y comunicativo del niño).

El diagnóstico es un proceso de carácter deductivo, mediante el cual los profesionales o especialistas, guiados por sus conocimientos y experiencia clínica, y mediante las categorías universalmente aceptadas por la comunidad científica,…, clasifican e identifican el comportamiento del individuo, estableciendo un plan de intervención apropiado a las características de la persona. El objetivo es identificar y observar las dificultades del desarrollo social, comunicativo y los patrones de conducta repetitivos y estereotipados. Se hace uso de pruebas que la evidencia científica confirma que son herramientas válidas como: la entrevista semi-estructurada ADIR que permite la recogida sistemática de información sobre el desarrollo social y comunicativo así como patrones de conducta que no se observan en el desarrollo normal.

Además dicha entrevista se complementa con la observación semiestructurada (ADOS) para llevar a cabo una observación directa del desarrollo y  de la calidad socio-comunicativa y de patrones de conductas repetitivos y estereotipados. Ambas pruebas que son específicas para el diagnóstico de TEA, tendrían que complementarse con una Escala de Desarrollo (Bayley, Battelle, Merryll Palmer,…) para conocer el perfil de desarrollo de las diferentes áreas (autonomía, socialización, comunicación, motora y cognitiva), así como acompañarlo con los llamados especificadores (valorar el perfil de lenguaje y de inteligencia, así como pruebas complementarias que el médico (neurólogo, pediatra,…) considere oportuno.

Por lo que se refiere a morderse los dedos de la mano, es una estrategia de autoregulación emocional cuando está frustrado o ansioso. Dicha conducta es común en niños con bajas competencias comunicativas. Normalmente dichos problemas se abordan favoreciendo el desarrollo comunicativo, con ayudas de Sistemas Aumentativos de Comunicación (si es necesario) acompañado de un Programa de Apoyo Conductual Positivo. Esta conducta se evidencia sobre todo en niños con síndrome X-Fragil, por lo que el médico seguramente, en vuestro caso, complementará la valoración específica de diagnóstico con pruebas genéticas.

Para el Colegio Oficial de Logopedas de la Comunitat Valenciana:

Dña. Berta Salvadó Salvadó, neuropsicóloga infantil; logopeda colegiada nº 08-1250 especialista en el Trastorno del Espectro Autista

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Bibliografía:

Arnaiz J., Zamora H., (2012). Detección y evaluación diagnóstica en TEA. In F. Martínez Martín (Ed.). Todo sobre el autismo (pp. 91-132). Tarragona: Publicaciones Altaria.

Canal, R (2012). El diagnóstico temprano de niños con autismo y el impacto en la calidad de vida de las familias. In F. M.A. Verdugo (Ed). Aplicaciones del paradigma de calidad de vida a la intervención con persona con discapacidad desde una perspectiva integral (pp. 27-54). Salamanca: Publicaciones INICO

Lord, C., & Corsello, C. (2005). Diagnostic Instruments in Autism Spectrum disorders. In F.R. Volkmar, R. Paul, A. Klin, & D. Cohen (Eds), Handbook of autism and pearsive developmental disorders (pp. 730-771). Hoboken, NJ: Wiley

Palomo, R (2013). Pruebas de evaluación de síntomas de los trastornos del espectro de autismo. In F. Alcantud Marín (Ed.), Trastornos del espectro autista: detección, diagnóstico e intervención temprana (pp. 163-181). Madrid: Ediciones Pirámide.

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